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TRASCRIPCIONES MAYO 2010
     
 

Extractos de la intervención verbal del Vice Presidente de la República, Lic. Jaime Morales Carazo, durante la imposición de la medalla y entrega de certificado que le distingue a él y a la Dra. Mayra Luz Pérez, Rectora de la Universidad Centroamericana (UCA) como Benefactores Fundadores de Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN). Este reconocimiento se enmarca dentro del 50 Aniversario de la UCA y fue entregada por el Dr. Jorge Huete-Pérez, Presidente de la ACN y Director del Centro de Biología Molecular de la UCA.
Lugar: Instituto de Historia de la Universidad Centroamericana (UCA).
Managua, 17 de mayo del 2010.

Es apabullante venir acá como un simple mortal y hablar ante los miembros de la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN), con la presencia de 5 Rectores, 3 Vice Rectores y después de escuchar los impactantes currículum de los Miembros Honorarios que fueron incorporados hoy a la ACN. ¿Qué atrevimiento de un ex empresario, ex banquero y un hombre metido en estos vericuetos de la política de venir a hablar ante ustedes? Bueno, dijo José Coronel Urtecho (quien dictó en 1961 la Lección Magistral en la fundación de la Universidad Centroamericana) que la aventura era el gran motor impulsor de todas las actividades y principalmente de la universitaria, así que ruego tenerme como un aventurero en estos campos.

Recibo complacido y honrado esta significativa distinción de la Academia de Ciencias de Nicaragua, reconociendo mi entusiasta apoyo en su reciente fundación. Espero llegar a ser acreedor con el paso del tiempo al generoso título de Benefactor.

Agradezco al directorio de la Academia y a su Presidente, el Dr. Jorge Huete la medalla y certificado que me acreditan en tan prestigiado carácter, junto a la Magnífica Rectora de la Universidad Centroamericana (UCA), Dra. Mayra Luz Pérez Díaz, lo que viene a constituir una deferencia adicional.

Celebro que este acto se realice dentro del marco de la celebración del 50 Aniversario de la fundación de la UCA, jornada histórica en la que tuve el privilegio de participar, acompañando en esta gran aventura, entre otros ilustres educadores visionarios y pioneros jesuitas, como lo fueron el P. León Pallais, P. Manuel Ignacio Pérezalonso, P. Manuel Otaño y tantos otros más de imborrable memoria.

Interpreto que esta distinción obedece no a ninguna aportación a la ciencia o a la tecnología sino a una entusiasta devoción y afición a la cultura, educación y las artes.

Un país sin educación, capacitación, investigación y sin cultivo de transferencia de ciencia y tecnología, no saldrá del subdesarrollo socio económico ni jamás vencerá a la pobreza.

Por ello todos los esfuerzos, recursos y estímulos que se canalizan hacia estas áreas vitales, representarán la mejor y más rentable inversión para un país. Universidad y Academia son paralelas que nos conducen al desarrollo humano digno, justo, solidario y para todos.

En días recientes asistí a Berlín, Alemania, a un Foro de Latinoamérica y el Caribe con la Unión Europea, sobre cooperación tecnológica, energía renovable y medio ambiente. Respecto a esto último se reflexionaba sobre la fragilidad y vulnerabilidad del Continente Europeo, puesto en jaque por el intempestiva y catastrófica erupción de un distante como desconocido volcán, oculto en las profundidades de los glaciales de Islandia.

Se preguntaban sin encontrar respuesta: ¿Qué podía hacer la ciencia y la tecnología para evitar estos fenómenos?. Únicamente analizar las costosas experiencias, aprovechar el aprendizaje y diseñar medidas paliativas y preventivas para un futuro incierto.

Dije lo anterior porque en Managua, en toda Nicaragua y Centroamérica, estamos expuestos a múltiples riesgos, sean volcánicos, de huracanes, tsunami, inundaciones, deslizamiento de tierra y particularmente de terremotos. (Ahora en broma, recientemente también expuestos a morteros, bates y pedradas).

Por tal razón deseo corresponder a la Academia de Ciencias y Nicaragua y la UCA por la distinción concedida con el obsequio de mi reciente libro titulado: "Terremoto, ¿Volverá a pasarnos?", que será distribuido a todos los participantes en este acto.

Para concluir voy a permitirme explicarles brevemente unos cuantos párrafos de los por qué de este pequeño libro:

Muchos creen que los deben de hablar sobre terremoto son los ingenieros y geólogos. A mí me tocó la experiencia de vivir el terremoto de Managua en diciembre de 1972 y posteriormente el de México en 1985. Las experiencias fueron de un empresario, de un ciudadano, que tuvo que experimentar todo esas terribles tragedias y ver cómo se salía adelante.

Estando en México, en el exilio, después de haber concluido un postgrado en el prestigiado Instituto Panamericano de Altos Estudios Empresariales (IPADE) de la Universidad Panamericana, también considerada entre los de más alto nivel por el Financial Times, en su área de dirección de empresas, me solicitaron que escribiera unas notas para los grandes empresarios mexicanos haciendo remembranza de lo que se había vivido en Managua en 1972, y sobre lo que estaba ocurriendo y podría ocurrir en ese país. La solicitud fue del Departamento de Investigaciones Científicas del IPADE.

Al ocurrir los terribles sismos de Haití y Chile me solicitaron nuevamente que actualizara esos apuntes y los pusiera a disposición como una fuente de referencia, no como técnico ni mucho menos, sino como ser humano. ¿Qué hace y qué no se hace cuando ocurre este tipo de tragedia?

El título de "Terremoto ¿Volverá a pasarnos?", no se refiere que no nos volverá a ocurrir un nuevo sismo en nuestro país, segurísimamente que sucederá aunque no sé cuándo ni de qué intensidad, pero el mensaje es que no nos vuelva a encontrar con la improvisación y la falta de preparación, a como nos encontró las dos veces en que nuestra capital fue decapitada. Esos son los mensajes pragmáticos.

El libro también incluye temas anecdóticas y desconocidas, por ejemplo, pocos saben que la cena del Año Nuevo de ese desventurado año, el General Agusto Pinochet cenó en el patio de la Embajada de México. Él había venido a dejar una ayuda de Chile y su avión no pudo salir, por lo que se quedó en ese lugar. Esa y otras anécdotas están contadas en el libro magistral del Dr. Antonio De Icaza, que fue Embajador de México en Nicaragua, en esa época, titulado "La alegría de servir", auspiciado por el Instituto Matías Romero (IMR) y la Secretaría de Relaciones Exteriores (Ministerio) de México.

También relata el cómo la generosidad y espontaneidad de los países se vuelca cuando ocurren estas tragedias y más en esas fechas. Aquí llegaron abrigos para el Polo Norte (a un país con temperatura de 90 grados), incluso llegó un avión con pollos vivos que saltaban en la pista del Aeropuerto, haciendo un gran relajo. Además nos enviaron medicinas y plasmas como para suministrarle por todo un año a Centroamérica. No había refrigeración y todo se perdió. Apareció el "Capitán Terremoto" conocido como "el Chigüín" que junto a su padre Somoza III controlaron el manejo desastroso de la ayuda.

En esa ocasión el Banco Central de Nicaragua se trabó y no se pudieron abrir sus bóvedas, pero fuimos los banqueros privados los que tuvimos que auxiliar al gobierno en el financiamiento a través de las sucursales que teníamos fuera de la ciudad.

Aprovecho para presentarlo sin ningún preámbulo, introducción ni protocolo. Al igual como ocurrió hace un par de años con otros de mis libros sobre Negociación, aquí mismo en la UCA, que fue el primero que me había atrevido "a presentar en sociedad", como dirían algunos. Es decir una mini presentación en familia.

Muchas Gracias.